El arte de la tipografía manuscrita tiene una larga historia, previa al nacimiento de la imprenta. Todos los sistemas anteriores de escritura (letras talladas, esculpidas o pintadas con pinceles o plumas) contribuyeron al florecimiento del arte tipográfico. La imprenta dio a este arte un fuerte impulso.
En la Biblia de Gutenberg fue usada una tipografía similar a las letras manuscritas de la Alemania de la época. La calidad del tallado de los tipos hacía que, a primera vista, no se distinguiera de un manuscrito. Los primeros tipógrafos usaron diseños de letras parecidos a las manuscritas usadas en sus respectivas culturas.
Con el nacimiento de la escritura, en la antigüedad, nació también la forma de presentar los escritos. Siempre se trató de ordenar los textos para hacerlos más comprensibles y fáciles de leer. Los bloques de arcilla o de piedra de formas rectangulares fueron los preferidos. Los textos fueron casi siempre escritos sobre líneas rectas. Los bloques de textos y los márgenes nacieron casi al mismo tiempo que la escritura. Las tablillas de arcilla fenicias o babilónicas, los papiros egipcios, los manuscritos medievales muestran la preocupación de sus autores de hacer fácil y agradable su lectura. Los antiguos copistas de libros manuscritos ponían especial cuidado al presentar las páginas de sus libros. En los libros impresos con tipos móviles ese cuidado continuó. Junto al desarrollo del arte tipográfico, y unido indisolublemente a él, se continuó desarrollando el arte de la puesta en página.
La puesta en página no es propio sólo del diseño editorial: en el diseño de avisos, de páginas web, de afiches y hasta de tarjetas personales, el diseñador tiene que resolver cómo presentar los elementos de diseño sobre una superficie. Desde hace siglos que se están proponiendo soluciones para este problema.
Ya los arquitectos de la Grecia clásica encontraron que ciertas relaciones entre las partes de un diseño eran más agradables que otras. Uno de los primeros sistemas de proporción usado, aún hasta hoy, es el de la Sección de oro o Proporción áurea. En esta proporción se divide una distancia en dos segmentos. La relación entre ellos debe ser igual a la relación entre la distancia total y el segmento mayor. En la figura 6 se ilustra esta proporción en un rectángulo.

Otra proporción muy usada para formatos de página es la llamada Rectángulo raíz de dos, por estar ambos lados en proporción “raíz cuadrada de dos”, es decir, un valor de 1.41 (figura 7) .

La llamada Serie A (los tamaños de hojas A3 y A4, por ejemplo), formatos estándar de papel usados en todo el mundo, respetan esta proporción. Además, en esta serie de tamaños, cada medida tiene el doble de superficie que la siguiente y la mitad de la anterior (Figura 8) .

Otro sistema de proporción es el que se ilustra en la figura 9 , donde la proporción de los lados de la página es 2:3, igual que las proporciones de la mancha de texto. Además, el ancho de la página es igual que el alto de la columna. Las dimensiones de la mancha tipográfica se definen a partir de las diagonales, tanto de la página como de la doble página. Otra cualidad de este sistema de proporción es que los márgenes tienen la relación 2:3:4:6.

Además del tamaño de la hoja de una pieza de diseño editorial, es necesario definir el tamaño y ubicación de la mancha de impresión: el lugar donde va a ir impreso el texto. Cuando se imprimía con tipos móviles, la presión de la prensa hacía que la hoja se deformara. Esta deformación aumentaba la transparencia de lo impreso en la otra cara. Para contrarrestar este problema se diseñaban páginas simétricas, para que las manchas de impresión de ambos lados de la hoja coincidieran. Este recurso no ha perdido vigencia y usarlo es muy recomendable.
Los libros antiguos tenían márgenes muy generosos, permitían sostener el libro sin tapar el texto con los dedos, además se usaba para hacer anotaciones. Un libro con márgenes estrechos da la sensación de ahogo e inquietud en su lectura. Por razones de costos, el tamaño de los libros y las medidas de los márgenes fue reduciéndose.
La imprenta de tipos móviles inventada por Gutenberg se mantuvo con pocos cambios esenciales hasta el siglo XIX, más de 400 años. La forma de componer el texto era manual, los tipos móviles (ordenados en cajas) eran ubicados por el impresor en una platina. Luego las planchas de texto compuesto se colocaban en la máquina impresora.
Ottmar Mergenthaler inventó, en 1886, la máquina linotipo; constaba de un teclado que, al pulsarlo, el molde de la letra correspondiente se ubicaba en una línea. Al ser completada la línea se la “justificaba” haciéndole ocupar todo el largo de la línea. Luego sobre ese molde, compuesto por varias letras, se volcaba aleación tipográfica derretida y quedaba compuesta la línea de texto.
En 1887 se inventó el Monotype, que separaba el teclado de la linotipo. Ahora la máquina que contenía el teclado perforaba una cinta de papel que luego la linotipo interpretaba. La ventaja de este método era que esas bobinas "picadas" podían ser utilizadas varias veces, el trabajo de tipeado no se perdía.
